Cuando me pregunto cómo puedo hacer algo bueno para el prójimo a través de la pintura, el sentimiento me lleva al arte como medicina, aliento y vuelta al origen, en el equilibrio, armonía, orden y conexión con el cosmos y la naturaleza en un reflejo de nuestro universo interior.
Durante mi juventud, tras una básica formación me adentré y practiqué la pintura expresionista, principalmente en la vertiente neoexpresionista, aunque también en la abstracción y en el paisaje, desembocando dichas prácticas en el arte zen, en el cual estoy ahora trabajando, en paralelo con la práctica del zen en la sangha de Plum Village en base a la enseñanza del noble maestro Thich Nhat Hanh y su linaje.
Y, sin embargo, la obra que salía de mi alma siempre fue de algún modo zen, caminando hacia un silencio sanador, la paz, el vacío, la catarsis, la transcendencia, la autenticidad, la esencia… De hecho, el zen va a la esencia.
Así pintando, desidentificado de las percepciones, desde la esencia en una incólume transcendencia.
2004 - 2006 - 2007
Unidad interior, cohesión y armonía estructural, delicadeza y sutilidad de la textura. La expresión plástica se desarrolla por encima del pensamiento lógico, pintando con el alma.
Ver más1995 - 2002 - 2007
El tránsito de lo bello a lo sublime, sintiendo cómo se desarrolla la expresión plástica por encima del pensamiento lógico, pintando con el alma.
Ver más1999 - 2006 - 2008
El proceso hacia lo transcendente. Liberándose del bamboleo de las sensaciones del samsara, detenido en paz en equilibrio y armonía con el cosmos.
Ver más2011
En equilibrio, armonía y unión con el cosmos, la naturaleza… y el Uno, liberándose del bamboleo de las sensaciones del samsara, detenido en paz.
Ver galería2022
Tras las huellas de Van Gogh. El espíritu soplando adentro del corazón. Los colores del corazón prorrumpiendo en el espíritu.
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